Campos de frutillas perdidos...

Luis Buñuel, a la derecha arriba y Rafael Alberti, a la izquierda arriba
La Arboleda perdida es el lugar de la infancia de los buenos recuerdos, de algún lugar real o imaginado que todos tenemos. Como si fuera un “El Dorado” que visitó Candido de Voltaire, allí todo es perfecto, se puede llegar, disfrutar, pero si uno se va nunca jamás se puede volver; solo queda como añoranza como recuerdo, como aquello que a veces nos recuerda que la felicidad de alguna manera puede existir. Rafael Alberti –cuando escribió sus memorias nombró a esos recuerdos –alimento e inspiración de sus poesias- “ La Arboleda Perdida ”. Cuando el exilio se refugió en Argentina en donde a pesar de la melancolía fue feliz en el oeste del Gran Buenos Aires, como el le llamaba “Los Bosques de Castelar” mas conocido ahora como Parque Leloir. En un terreno con su señora construyó una casa que trataba de imitar a su arboleda perdida. Sin embargo… Nadie ni nada vuelve jamás. Una canción de nostalgia inimitable, canción de canciones pop nos leva a la patria del recuerdo, al dorado, a donde no se puede –ni se quiere volver-, pero torturándonos a veces, alegrándonos otras nos recuerda que hay algo mas. Strawerry Fields de Los Beatles.


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